Morelia, Michoacán

Las raíces de los árboles que dan sombra a uno de los paseos más emblemáticos de la ciudad, están comenzando a romper su propia historia. Al menos tres tramos de las antiguas bancas de cantera de la Calzada Fray Antonio de San Miguel, conocida como Calzada de San Diego, presentan fracturas provocadas por el crecimiento del arbolado.

Así, entre raíces que crecen y piedras que resisten el paso de casi 300 años, la Calzada de San Diego enfrenta un dilema de nuestro tiempo: cómo proteger al mismo tiempo la memoria, la historia de la ciudad de la cantera rosa y la vida de sus árboles gigantes que dan luz, vida y sombra.

Y es que las históricas bancas de cantera de la Calzada Fray Antonio de San Miguel —uno de los paseos más emblemáticos y antiguos de Morelia— presentan fracturas provocadas por el crecimiento de las raíces de los árboles plantados a lo largo del corredor, un problema que ya fue detectado en al menos tres tramos y cuya solución implicará una restauración compleja y costosa.

El gerente del Centro Histórico de Morelia, Gaspar Hernández Razo, explicó que el deterioro es visible en distintos puntos del paseo, toda vez que, las raíces de gran tamaño, están empujando la estructura de cantera.

“En el caso aquí de la Calzada, las bancas tienen muchas fracturas, pero además hay raíces de árboles que las están rompiendo”, señaló.

El funcionario precisó que uno de los daños más notorios se encuentra cerca del inicio del paseo, en la zona cercana a la fuente de Las Tarascas y al templo de Lourdes.

“Hay una fractura terrible de la banca en ese primer arco, cerca de donde inicia el lado de Las Tarascas; hay otra como a 30 metros más y otra como a 50 metros más”, indicó.

En total, dijo, tres tramos de bancas han sido detectados con daños estructurales.

“Hay tres tramos que tenemos detectados”, afirmó.

Solución y conflicto

Sin embargo, intervenir en el sitio no es una decisión sencilla. Hernández Razo explicó que existe una tensión permanente entre la protección del patrimonio histórico y la preservación del arbolado urbano.

“Es un tema sumamente complicado. Hay grupos de ambientalistas que impedirían hacer algo o alguna situación con un árbol; lo mismo sucede afuera de la Biblioteca Pública. Retirar un árbol que impide o está destruyendo el patrimonio cultural es muy difícil”, señaló.

La restauración, agregó, no consistiría en una reparación superficial, sino en un proceso técnico mayor que implicaría desmontar las secciones dañadas.

“La restauración no es sencilla; tendría que despiezarse. Esos tramos se desmontan, se corrige lo que se tenga que corregir tanto en piso como en cantera y nuevamente se vuelve a colocar”, explicó.

Cualquier intervención deberá contar con la autorización del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), instancia encargada de definir los lineamientos de restauración en monumentos históricos.

“Los dictámenes siempre los emite el INAH; ellos son los encargados de decirnos qué hacer y cómo hacerlo”, indicó.

Diagnóstico técnico y proyecto de restauración

Por ello, el primer paso será elaborar un diagnóstico técnico y un proyecto de restauración, con el que el Ayuntamiento buscará gestionar recursos federales.

“Lo que estamos buscando es trabajar el proyecto y ver la posibilidad de concursarlo en un recurso federal, porque un proyecto de esa magnitud difícilmente podría hacerse con recursos propios”, dijo.

El funcionario evitó estimar el costo que podría implicar la intervención:

“Es complicadísimo dar un estimado. En algunos inmuebles una restauración integral puede rondar los 10 millones de pesos, pero en este caso pueden surgir muchas cosas que cambien o eleven el proyecto”, señaló.

Añadió que la restauración es un tema que la administración municipal ya tenía en agenda desde el año pasado.

“Es algo que ya tenemos pensado hacer desde el año pasado; con tantas cosas es difícil atender todo, pero es algo que tenemos planeado atender en un futuro”, concluyó.

300 años de un paseo histórico y emblemático

La Calzada Fray Antonio de San Miguel, popularmente conocida como Calzada de San Diego, es un paseo histórico emblemático de Morelia que ha trascendido los siglos.

Construida en 1732, cuando la ciudad aún se llamaba Valladolid, esta calzada de más de 400 metros de longitud fue diseñada para unir el centro urbano con el Santuario de Guadalupe.

A finales del siglo XVIII, el obispo Fray Antonio de San Miguel la transformó en un oasis para los caminantes, sustituyendo el empedrado por losas y largas bancas de cantera, y ordenando la plantación de árboles que hoy le dan sombra.

Con sus doce bancas monumentales de cantera, esta calzada ha sido testigo silencioso de la historia, ofreciendo descanso a peregrinos, estudiantes, turistas y habitantes de la ciudad durante casi tres siglos.

Casi trescientos años después de su construcción, la Calzada de San Diego enfrenta un desafío que sus fundadores jamás imaginaron: las raíces que dan vida al paseo también están poniendo en riesgo las piedras que guardan su historia.